Desarrollo tecnológico a partir de la curva “S”

noviembre 26, 2018 | Tecnología

En materia de innovación el concepto de la curva en S, que marca el ciclo de vida de la tecnología ha tenido precisamente con el advenimiento del desarrollo tecnológico una gran popularidad. Este marco teórico que funciona junto con el Modelo de Bajos, es utilizado para determinar el rendimiento de la tecnología en lo que respecta al tiempo y esfuerzo, ayudando a determinar el nivel de madurez de la industria o el producto en sí mismo.

El tipo de pensamiento de curva en S es atribuida a Richard Foster en su libro del 1986 “Innovation: The Attacker’s Advantage”  en el que plantea que el avance de una tecnología puede describirse mediante una curva en forma de S, donde el movimiento hacia arriba en una curva en “S” es una innovación incremental, mientras que al descender en una nueva curva lleva a una innovación radical, ya que la nueva curva en “S” supera la curva ya existente. Clayton Christensen, que popularizó los planteamientos de Foster respecto a la curva en “S” en su libro “Innovator’s Dilemma”, analizando desde esta teoría la industria de los discos duros.  Se trata de un gráfico que se desarrolla a partir de las variables de tiempo y rendimiento para poder predecir tendencias en el mercado.

La teoría de la curva en S aplicada a la tecnología ha pasado a ser una herramienta importante para la planificación de estrategias, ya que representa un proceso inductivo que proyecta la mejora de la tecnología a partir de la magnitud de la mejora en el rendimiento de un producto o proceso, en un período de tiempo determinado. El esfuerzo por parte de ingeniería difiere a medida que las tecnologías maduran. En este sentido, Christensen para una publicación para la Escuela de Graduados en Negocios de la Administración de la Universidad de Harvard explica que el enfoque empleado por los teóricos de la curva S, como Foster (1986), ofrece una explicación de por qué la tecnología mantiene a raya los enfoques de la competencia durante tanto tiempo, señalando que aunque puede ser natural pensar en la mejora tecnológica en términos de una tasa anual, es la ingeniería, no el tiempo, lo que hace que la tecnología mejore; por lo tanto, Foster insta a que el eje horizontal de las curvas S mida el esfuerzo de ingeniería.

Se puede inferir entonces que, al pensar en cada industria, el momento de negación para la puesta en marcha desde la curva S actual, de innovaciones que dan pie a la siguiente curva “S” sucede porque desde la primera curva, la segunda se puede percibir como “atrasada” o a falta de perfeccionamiento, bajo el riesgo de que para cuando la nueva tecnología (en su segunda y tercera curva) llega a ser realmente comparable en cuanto a rendimiento y costo, las empresas que se negaron a aceptar el cambio en un principio quedan muy atrasadas respecto a los avances. Es por ello que independientemente de la naturaleza de las organizaciones, la inversión más importante dada es tiempo y energía, (mejor que invertir dinero) a aquellas curvas que hoy día se ven menos atractivas hoy, pero que tienen el potencial de superar con creces la oferta actual del mercado.

Antes de considerar inversiones en tecnología debe entenderse las afirmaciones de esta teoría, que describe cómo funciona la oferta, la demanda y las ganancias en un mercado de rápido crecimiento. La tecnología vista desde la curva “S” propone a partir del cruce de las variables de tiempo y esfuerzo que las ganancias son más altas cuando el mercado es joven, cuando un producto, resultado del esfuerzo e ingeniería de la industria acaba de ingresar al mercado, disminuyendo dramáticamente cuando la mayoría de las personas tiene el producto y cuya producción resulta más fácil y común.

Explicado de manera más simple, en las primeras etapas de una tecnología, la tasa de progreso en el rendimiento es relativamente lento. A medida que la tecnología se comprende mejor, se controla y difunde mejor, y la tasa de mejora tecnológica aumenta.

Cabe resaltar que, la aplicación de las curva “S” ha pasado a ser conocimiento  medible del área, extendiéndose para obtener una mayor comprensión del comportamiento de la tecnología en cada fase: desde la etapa de emergencia donde las mejoras son escasas, cuando aún no se comprende del todo su aplicabilidad en el mercado y dónde aún se encuentra en una etapa experimental; pasando a la fase de aceleración, caracterizada por el crecimiento rápido y sostenido, convirtiéndose en este momento en vulnerable a la sustitución u obsolescencia; y en la madurez, momento en el cuál se vuelve muy difícil la aparición de mejoras.

La curva “S” marca en la tecnología la emergencia de la innovación y del ciclo de vida de productos, posibilitando la proyección y la planificación estratégica de la gestión de recursos e inversiones.

 

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